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Lugar:Ciudad de México,México
Aprobación eclesiástica:Aprobada
Festividad:12 de Diciembre
Título:Reina de México y Emperatriz de América

Templo:Basílica de Guadalupe

Historia

El descubrimiento del Nuevo Mundo trajo consigo ambos: buscadores de fortuna y clérigos religiosos deseosos de convertir a las poblaciones nativas a la fe Cristiana. Uno de los conversos fue un pobre indio Azteca llamado Juan Diego. En uno de sus idas a la capilla, Juan estaba caminando a través de la colina Tepayac en México central. Cerca a Tepayac el encontró a una bella mujer la cual estaba rodeada por bolas de luz brillantes como el sol. Hablándole en su lengua nativa, la hermosa dama se identificó: " Mi querido pequeño hijo, Yo te quiero. Desearía que supieras quien soy. Yo soy la siempre ó virgen María, Madre del Dios verdadero quien da vida y mantiene la existencia. El creó todas las cosas. El esta en todo lugar. El es el Señor del Cielo y la Tierra. Yo deseo una iglesia en este sitio a efectos que tu gente pueda experimentar mi compasión. Todos aquellos que sinceramente soliciten mi ayuda en sus trabajos y penas conocerán mi Corazón de Madre en este lugar. Aquí yo veré sus lagrimas; los consolaré y ellos hallaran la paz. Así que corre ahora a Tenochtitlan y dile al Obispo todo lo que has visto y oído." Juan, de 57 a-os, y quien nunca había estado en Tenochtitlan, respondió sin embargo de inmediato a la solicitud de María. El fue al palacio del Obispo electo Fray Juan de Zumarraga y solicitó verse inmediatamente con el Obispo. Los sirvientes del Obispo, quienes tenían dudas del campesino rural, lo mantuvieron esperando por horas. El obispo electo le dijo a Juan que el podría tomar en consideración la solicitud de la dama y le dijo que el podría visitarlo nuevamente si así lo deseaba. Juan se desilusionó con la respuesta del obispo y se sintió indigno de llamar la atención de alguien tan importante como el obispo. El regreso a la colina donde se encontró la primera vez con María y la encontró allí esperándolo. Le rogó que ella enviara a alguien mas, pero ella respondió: " Mi pequeño hijo, existen muchos a quienes yo podría enviar. Pero tu eres el único a que he escogido." Ella entonces le dijo que regresara al día siguiente donde el obispo y le repitiera la solicitud. En Domingo, y luego de aguardar nuevamente por horas, Juan se reunió con el obispo quien, volvió a escuchar la historia, diciéndole que solicitara a la Dama que lo proveyera de un signo como prueba de quien era ella. Juan dubitativamente regreso a la colina y se lo contó a María, quien estaba nuevamente aguardando por el. María respondió: "Mi pequeño hijo, no soy yo tu Madre? No temas. El Obispo obtendrá su seña. Regresa a este lugar mañana. Ten paz, hijito."

Nican Mopohua