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Nuestra Señora de Laus
Datos
Fecha 1664 al 1718
País Francia
Aprobación Eclesiastica Aprobada
Festividad 4 de Mayo
Título Refugio de los pecadores y lugar de reconciliación

Nuestra Señora de Laus fueron unas apariciones de Nuestra Señora a Benoite Rencurel en Francia de 1664 al 1718.

Historia

La niñez de Benoite

Ubicado en el sur de los Alpes franceses se encuentra el pequeño pueblo agrícola de Saint-Etienne d'Avancon. El 16 de septiembre de 1647, nació Benoite (Benedicta) Rencurel, la segunda de tres niñas, de padres muy pobres. Cuando Benoite tenía sólo 7 años de edad, su padre falleció, dejando a la familia en una pobreza aún más profunda, con acreedores procurando el pago de sus deudas. La familia estaba en tal pobreza, que algunos días sólo tenían para comer pan rancio y agua. A fin de mantener a la familia, las niñas tuvieron que trabajar fuera del hogar. No obstante, a pesar de que no había tiempo para que Benoite fuera educada en la escuela, su madre se preocupó de enseñarle a rezar el Rosario y de orar en todo momento. Aunque era una niña llena de vida, también era un alma contemplativa y disfrutaba orar durante largos períodos de tiempo. Su familia era fiel en ir a Misa y fue instruida a través de las homilías dominicales, y aprendió de María, la Madre de Dios. Este dogma particular fascinó a la niña, y pasó largo tiempo contemplando este misterio, mientras cuidaba de las ovejas en los campos durante el día. Esta contemplación condujo a un deseo de ver a la Santísima Virgen.

Durante estos años de crisis económica, la pequeña Benoite comenzó a trabajar como pastora para un vecino. Hay una historia de que durante estos años, hubo hombres de mala reputación, que se dirigían hacia la casa, uno de los cuales se le acercó ofreciéndole dinero por su pureza. Ella logró deshacerse de él, y corrió a advertirle a su madre de la proposición del hombre. Cuando Benoite tenía 12 años de edad, la situación financiera de su familia se volvió aún más crítica, por lo que tuvo que tomar otro trabajo, también pastoreando el rebaño de ovejas de otro vecino.

La aparición de san Mauricio

Cuando Benoite tenía 17 años de edad, estaba pastoreando los rebaños en el campo, cuando vio a un anciano vestido con los ornamentos de un obispo de la Iglesia primitiva que le preguntó qué hacía ahí. Ella respondió que cuidando las ovejas, rezando a Dios, y buscaba agua para beber. El hombre fue a un pozo que Benoite no había visto y ella le preguntó si era un ángel o Jesús mismo por causa de su hermosura. Se presentó como Maurice, cuya capilla cercana estaba dedicada, y le dijo que no volviera a ese lugar ya que no es territorio idoneo y la manda al valle encima de Saint-Étienne en donde verá a la Madre de Dios. El hombre desapareció, pero al día siguiente Benoite hizo como le dijo, y llevó a las ovejas a otro campo.

Las apariciones de la Virgen

Estaba rezando el Rosario cuando vio a una dama resplandeciente, sosteniendo la mano de un niño hermoso que estaba de pie sobre una roca. Benoite le pidió que comiera con ella y le ofreció pan bueno que remojarían en la fuente. Esta sencillez hizo sonreír a Nuestra Señora, pero permaneció en silencio; Benoite pidió acunar al niño, la Señora sonrió otra vez, le permitió sostenerlo, y luego desapareció.

Ella continuó viendo por cuatro meses, diariamente, a Nuestra Señora en el campo, mientras pastoreaba las ovejas. Nuestra Señora le corrigió su excesiva vivacidad, su brusquedad y terquedad, y su apego a las cosas materiales y a los animales. Le enseñó las Letanías de Loreto, haciéndola repetir palabra por palabra lo que Ella decía. La Virgen había tomado a Benoite como su estudiante. Un día incluso, invitó a Benoite a descansar a su lado, permitiéndole dormir en el dobladillo de su manto.

Durante este tiempo, Benoite había comentado a su patrona acerca de las apariciones, pero ella no le creyó. Un día, siguió a la Benoite al campo, y si bien no pudo ver a Nuestra Señora, pudo escuchar sus palabras. En esta aparición, Nuestra Señora pidió a Benoite que le advirtiera a su patrona acerca del peligro que corría su alma, ya que su conciencia estaba en un estado muy pobre, y que debía arrepentirse. Luego de haber escuchado estas palabras, su patrona retomó su vida cristiana, retornó a los sacramentos y se arrepintió de sus pecados.

El 29 de agosto de 1664, Benoite preguntó el nombre a Nuestra Señora y respondió que su nombre es María. También le dijo que por un tiempo no la vendría a ver, lo cual entristeció a Benoite. No obstante, casi un mes más tarde, a finales de septiembre, sintió que la Virgen estaba cerca y corrió hacia Ella. De hecho, tuvo que montar una de las cabras a fin de atravesar un río que no era capaz de cruzar por sí misma. La Virgen le dijo entonces que si quería continuar viéndole, debería ir a una pequeña capilla en Laus. Al día siguiente buscó por largo tiempo, a fin de encontrar la pequeña capilla, y supo que la había encontrado cuando pudo percibir el dulce aroma de las flores y vio la puerta abierta. Cuando llegó, estaba conmovida que la Santísima Virgen le estuviera esperando; pero a la vez se sentía avergonzada por el estado sucio y pobre de la capilla. Le ofreció su delantal, para que allí colocara sus pies, pero Nuestra Señora le aseguró que pronto la capilla sería embellecida. Por último, solicitó que se construyera una Iglesia en su honor, y prometió que muchos pecadores serían convertidos allí. Aunque la distancia a la capilla era de aproximadamente 3 millas, Benoite iba con frecuencia a la capilla durante el invierno de 1664-1665.

En los meses siguientes, el mensaje de Nuestra Señora de Laus, comenzó a esclarecerse; la Virgen pidió a Benoite que rezara continuamente por los pecadores. Las noticias sobre las apariciones comenzaron a difundirse a través de la región y los peregrinos empezaron a venir a la pequeña capilla. Dado que creció la notoriedad de las apariciones y cada vez más gente comenzó a realizar peregrinaciones a la pequeña capilla de Laus, la opinión de la gente estaba dividida en lo atinente a la autenticidad de las apariciones. Contaba con el total aval del Vicario General de la Diócesis de Gap, Padre Pierre Gaillard, quien escribió al respecto al Padre Antoine Lambert, el Vicario General de la Diócesis de Embrun, en cuyo territorio se encontraba la capilla. Por su parte, el Padre Lambert no era partidario y proclive a las apariciones.

El 14 de septiembre de 1665, viajó a Laus para conocer a Benoite y probar que las apariciones eran un engaño. Benoite tenía miedo, pero la Santísima Virgen le dijo no debía huir y que debía permanecer para hacer justicia a los clérigos; le advirtió que le preguntarián uno tras otro, intentando atraparla en sus propias palabras y le envió un mensaje al Vicario General diciendole que si bien puede hacer descender del Cielo a Dios por el poder recibido cuando fue ordenado sacerdote, no puede dar órdenes a la Madre de Dios.

Una vez comenzado el interrogatorio, Padre Lambert y los sacerdotes que le acompañaban le hacían preguntas, tratando de que contradijera sus mismas palabras; pero las respuestas de Benoite fueron claras, articuladas, sin contradicción alguna. Aún así, estaba convencido de la falsedad de las apariciones y amenazó con cerrar la capilla. En respuesta, Benoite le habló como la Virgen le había dicho. Sorprendido, el Padre Lambert cedió diciendo que necesitaba un milagro para convencerse. Las inclemencias del tiempo le impidieron a él y sus compañeros de abandonar Laus esa noche, por lo que se quedaron por dos días más.

Resultó que había una mujer en el pueblo, con una condición atinente a las terminales nerviosas, que le provocaba que sus pies se doblaran de tal manera que tocaban la parte baja de la espalda. Ella había venido a la capilla en busca de su curación, a través de una novena a la Virgen. La noche en que la novena terminó, sintió que sus piernas se relajaban, había sido curada.

A la mañana siguiente entró a la capilla por sus propios medios, mientras Padre Lambert estaba celebrando la Santa Misa. El milagro impresionó a todos, incluyendo al Vicario. Él mismo escribió el reporte del milagro, diciendo:"Está ocurriendo algo extraordinario en aquella capilla. Sí, la mano de Dios está allí." De esta manera, dio permiso para la construcción de la Iglesia que Nuestra Señora había solicitado.

Durante el invierno siguiente, el invierno de 1665; la Virgen le enseñó a Benoite a utilizar del aceite de la lámpara del Santísimo para ungir a aquellos que vinieran a Laus buscando sanación. Serían sanados aquellos que lo aplicaran con fe y recurrieran a ella. De hecho, hubo numerosos informes de milagros y sanaciones, 61 sanaciones fueron reportadas en los meses siguientes. Nuestra Señora estaba haciendo conocida la localidad de Laus, como un lugar para la conversión de los pecadores; habiendo dicho a Benoite: "Le pedí a mi Hijo que Laus fuera para la conversión de los pecadores, y Él me lo concedió." Mientras que Benoite ya se sacrificaba y rezaba por los pecadores, la Santísima Virgen le pidió que exhortara a los pecadores a que fueran al sacramento de la confesión. Esto fue tremendamente difícil para Benoite, viéndose a sí misma tan indigna; agregado al hecho de que la Santísima Virgen se lo había pedido tan suavemente que no estaba convencida de hacerlo.

La Virgen la animó y le dijo que tuviera paciencia, cumpliera su deber alegremente sin guardar ningún odio hacia los enemigos de Laus y que no se aflijiera si las personas no aprovechan su consejo ni se perturbe por tentaciones, espíritus visibles o invisibles, o por asuntos temporales. La Virgen le pidió específicamente a Benoite que fomentara la conversión de las mujeres que llevaran vidas impuras, licenciosas y por aquellas que hubieran abortado. Asimismo, instruyó a la vidente a fin de que animara a los sacerdotes que servían en el santuario, a acoger a los pecadores y peregrinos con caridad y calidez. Por esta razón, Nuestra Señora de Laus se hizo conocida como Refugio de los pecadores y lugar de reconciliación.

Para profundizar esta gracia que la Virgen confería a través de su presencia maternal en el santuario, le concedió a Benoite el don de conocer y leer las almas, el cual la Virgen le animó a utilizar a fin de que la gente realmente reconociera sus pecados. Benoite encontró muy difícil amonestar a las almas que Nuestra Señora le pedía hacerlo, y cuando se demoraba en su deber, la Virgen demoraba sus visitas. Benoite les ayudaba a ver los pecados o faltas de los que no eran conscientes. Dado que era tan amable, la mayoría de la gente se mostró muy agradecida y resolvieron enmendar sus vidas. Benoite no sólo debía guiar a los peregrinos que llegaban a limpiar verdaderamente sus conciencias; sino que también tuvo que ser exigente con los propios sacerdotes que servían en el santuario. Veía a menudo, el estado de sus almas mientras celebraban la Santa Misa -o bien rodeados de luz o deslustrados o empañados-, y ella advertía a aquellos que veía como deslustrados. Les advertía de los rencores que albergaban en sus corazones, su imprudencia en sus preguntas al oír confesiones, y su negligencia en sus deberes. Exigía de todos, sencillez y pureza de alma, humildad y voluntad de mejorar.

En 1668, Benoite se mudó a una casa pequeña cerca del santuario, de manera que no debía caminar los 5 kilometros de su casa al santuario, lo cual había estado haciendo durante cuatro años.

A partir de 1672, comenzó un periodo de veinte años de gran persecución contra Benoite y las apariciones de Laus. Después de haber contado con el apoyo de muchos sacerdotes, especialmente P. Lambert, Vicario de la Diócesis, ante el fallecimiento de este último, otros sacerdotes en posiciones de autoridad aprovecharon la oportunidad para negar la autenticidad de las apariciones. Pronto un signo fue colocado en la puerta del santuario, prohibiendo de que se celebrara Misa o cualquier otra devoción pública. Nuestra Señora mando a Benoite que removieran el papel y dejarán que la Santa Misa se celebre como antes; le obedecieron. Fue también durante este tiempo que Benoite fue puesta bajo arresto domiciliario durante 15 años, permitiéndole sólo asistir a Misa el domingo. Benoite fue amenazada de ser excomulgada junto con cualquier sacerdote que celebrara la Misa en la capilla.

Entre 1669 y 1679, Benoite también recibió visiones de Jesús Crucificado. En una de estas ocasiones, el 7 de Julio de 1673, Cristo le dijo que le esta mostrando en esta condición para que pudiara participar de los dolores de la Pasión. Desde ese momento, por 15 años, cada noche del jueves al sábado por la mañana, experimentó en su propio cuerpo la Pasión y Crucifixión de Nuestro Señor. Esto ocasionó que se le ridiculizara más y se agregara mayor sospecha por parte de aquellos que le criticaban a ella y las apariciones en sí. Esta agonía cesó solo de 1677 a 1679, cuando servía comida a los trabajadores que estaban construyendo una casa para los sacerdotes, como la Virgen había solicitado.

Sin embargo, su padecimiento se reanudó en noviembre de 1679. Si bien esta experiencia le expuso a mayor ridículo para algunos; para otros les produjo veneración, lo que fue igualmente doloroso para ella, en virtud de su humildad. Le rogó a la Virgen que sus sufrimientos sean incluso mas crueles, si tal es el beneplácito de Dios, pero que fueran menos visibles.La Virgen se le apareció al sábado siguiente y le concedió su deseo, sus sufrimientos fueron menos visibles pero más intensos.

En julio de 1692, todos los que ayudaron en el santuario, incluso Benoite, y gran parte de la población de Laus, tuvieron que huir a causa de la invasión del duque de Savoya. A su regreso, el obispo nombró a dos sacerdotes que miraban con gran recelo y sospecha las apariciones, y que no eran celosos de las almas, no observando la caridad que la Virgen había pedido para con los pecadores y penitentes. Llegaron al extremo de predicar la falsedad de las apariciones desde el púlpito.

También durante este período, Benoite sufrió muchos ataques del demonio. Entre estos ataques se destacan fuertes tentaciones contra la confianza en Dios y la castidad, y ataques incluso físicos contra su persona. Surgieron falsos “videntes” para contradecir lo que la Virgen estaba tratando de lograr a través de sus apariciones en Laus. Un día, el demonio reveló el motivo de su ira y sus incesantes ataques exclamando que ella es la razón por la que esta perdiendo tantas almas. Benoite permaneció fiel a pesar de los ataques y tentaciones del enemigo.

Finalmente, en 1712, vino el Obispo y confió a los peregrinos que afluían al santuario, al cuidado de una comunidad de sacerdotes “Pères Gardistes”, quienes fueron descriptos como "un grupo profundamente religioso con sana doctrina, movidos por un ardiente deseo de apostolado”. Ellos se esforzaron por cumplir con la petición de Nuestra Señora, acercando a los peregrinos a buscar la intercesión de la Santísima Virgen y a la devoción del Sagrado Corazón que en aquel momento comenzaba a propagarse. A pesar de que ahora los peregrinos, se encontraban en buenas manos, Benoite aún sufría los tormentos del demonio, en los cuales permaneció fiel a la Santísima Virgen. Por un momento, cuando la Santísima Virgen le dejó de visitar por un periodo de tiempo a fin de purificarla, Satanás lanzó un grito diciendole que Ella la ha abandonado y que ya no iba a tener ningún recurso, salvo él. Benoite replicó que prefiere morir mil veces abandonada por Nuestra Señora, a abandonarla por un solo momento.

Las apariciones continuarían por el resto de la vida de Benoite, durante casi 54 años. Seis años después de la llegada de los Padres Gardistes al santuario, Benoite enfermó y estaba postrada en una cama con fiebre muy alta. En la Navidad de 1718, pidió recibir el santo Viático y pidió perdón por cualquier mal ejemplo que hubiera dado en su vida, en ese momento la Virgen apareció dejando un aroma dulce en la habitación. Tres días más tarde recibió los últimos sacramentos a las tres de la tarde. Los sacerdotes que habían servido en el santuario por los últimos seis años, habían pedido al Señor para que le pudieran tener por dos años más; pero Benoite sabía que su tiempo de volver a la casa del Padre había llegado. Los sacerdotes pidieron su bendición como hijos suyos; ella en su humildad vaciló, pero luego cedió. Levantó su mano desde su cama, no queriendo rehusarles ese consuelo, y se despidió serenamente, luciendo feliz y no experimentando agonía alguna. Alrededor de las ocho de la tarde, pidió a su ahijada rezar las Letanías del Niño Jesús y falleció en paz a los 71 años de edad.[1]

Santuario

El Santuario se ha desarrollado en torno a la Basílica, edificada en el lugar en el que la Virgen María se apareció a Benoîte Rencurel en una aldea aislada en la falda de la montaña, a 900 metros de altura, según indica el sitio web del Santuario. Este centro espiritual de la diócesis de Gap se ha convertido con los siglos en una meta de peregrinación más allá incluso de las fronteras francesas.

Desde los orígenes de las peregrinaciones, las curaciones físicas y morales fueron reconocidas en gran número, especialmente por las unciones del aceite de la lámpara del Santuario aplicadas con fe, según el consejo que la Virgen María misma ofreció a Benoîte.[2]

Hoy en día, el santuario fue elevado por el Papa León XIII, el 18 de marzo de 1893, al rango de Basílica menor, y convoca a 120,000 peregrinos cada año. El 4 de mayo de 2008, la autenticidad de las apariciones fueron oficialmente reconocidas por la Iglesia, durante una Misa celebrada por el Obispo Jean-Michel de Falco de Gap con cardenales y representantes del Vaticano. Un año más tarde, el 3 de abril de 2009, Su Santidad Benedicto XVI, reconoció la virtud heroica de Benoite (Benedicta) Rencurel proclamándola 'Venerable'.[1]

Referencias

  1. 1,0 1,1 Nuestra Señora de Laus
  2. Laus, Nuestra Señora de

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